Un
espacio multisensorial le da la posibilidad al infante de experimentar con el
medio, de explorar y percibir elementos a su alrededor. Una forma creativa de
impulsar un rincón o ambiente para el estímulo sensorial es tomar en cuenta los
colores, los objetos y las herramientas didácticas a utilizar, que estas se
encuentren accesibles, llamativas y adaptadas a la edad del infante.
Asimismo, este espacio debe ser diseñado en un lugar seguro, que permita un
desplazamiento constante y que sea atractivo para los niños, agradable y
confortable, accesible física y cognitivamente.
En este espacio se deben agregar elementos que promuevan la relajación, la autoconfianza y autocontrol, el mobiliario debe estar
preparado para evitar que los niños estén expuestos a posibles accidentes.
Según Treviño (2016) “La finalidad de los espacios multisensoriales es que los
sujetos que hagan uso de los mismos puedan estar expuestos a estímulos
controlados que les permitan percibir diferentes sensaciones que ayuden a
adquirir el aprendizaje” (p. 279).
De igual forma, parafraseando a Mesa (2018) se pueden utilizar elementos u objetos para estimular los sentidos de una forma controlada como colchonetas, columnas de burbujas, proyector, piscina de bolas, cojín táctil, cama de agua, columpios, hamacas, material con vibración, difusor de aromas, pelotas con olor, música, estructuras para trepar, entre otros materiales de texturas.
En fin, los espacios sensoriales deben contemplar la elaboración de rincones visuales, olfativos, sensoriales, comunicativos e interactivos, cuyo fin es trabajar, con los infantes con diferentes estímulos según las características específicas de cada niño, donde se consigue potenciar las relaciones positivas y se logran grandes mejoras en la concentración y la coordinación de cada niño.
Imagen
6.
Fuente:
Chacón (2015)
Imagen
7.
Fuente: Awen
Psicología (2021).


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